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La huelga del miedo

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Esta es la huelga del miedo. Al menos en la capital de provincia donde vivo. En esta última semana no ha habido ambiente de huelga general. Ausencia de información, apenas nada de cartelería en las calles

En las noticias de primera hora se habla de algunos piquetes en las grandes capitales. En Atocha unos 500 ciclistas intentan bloquear algunas vías pero son retenidos por la policía. Anécdotas muchas.

Pero esta mañana los negocios que suelen abrir a primera hora, lo hacían con normalidad. Desde ayer hay miedo, los bares, los pequeños comercios, temen por sus negocios y su sustento. Muchos trabajadores no hablan contra la huelga pero preguntan en el bar. ¿Irás? También el miedo a las amenazas veladas. Las preguntas caen como lozas desde los departamentos de recursos humanos. ¿Vas a ir a la huelga? Es para comunicárselo al asesor. Evidentemente, para el oportuno descuento en la nómina.

Muchos ochocientoseuristas, porque ya hasta el mileurista es casi un mito, no pueden permitirse ese lujo para su precaria economía. En algunos negocios las amenazas de despido son obvias.

También se oyen muchas voces de castigo a los grandes sindicatos por parte de los trabajadores. Arrastran un importante descrédito que no quieres reconocer. Temen el fracaso absoluto. Ya a estas primeras horas lanzan mensajes de éxito rotundo, pero ese éxito no se respira realmente.

Las noticias siguen retumbando. En la Universidad de Sevilla hay algunos altercados... con estudiantes, no con trabajadores. En los astilleros repartidos por el país, más combativos sus currantes, hay cortes y piquetes. En el País Vasco los sindicatos mayoritarios, nacionalistas, no secundan la huelga general. La caída de consumo energético a estas horas de la mañana es mínimo, del 8%, frente a un 20% aproximado de la última huelga general.

Sin duda, el denominador común a esta hora es el miedo. Por eso, yo, hoy, estoy en huelga. En huelga contra el miedo.

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